Violencia simbólicauna estimación crítico-feminista del pensamiento de Pierre Bourdieu

  1. Lucía Acosta Martín
Dirigida por:
  1. Gabriel Bello Reguera Director/a
  2. María José Guerra Palmero Directora

Universidad de defensa: Universidad de La Laguna

Año de defensa: 2013

Departamento:
  1. Historia y Filosofía de la Ciencia, la Educación y el Lenguaje

Tipo: Tesis

Resumen

Esta Tesis hace un recorrido por el pensamiento del filósofo y sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien, profundamente comprometido con la política, denuncia con especial vehemencia la existencia de relaciones ocultas de poder y desigualdad que estarían actuando, con la más absoluta impunidad, tras la aparente normalidad del orden social. Concretamente, lo consideramos un autor especialmente interesante para abordar la cuestión de la reproducción social de la subordinación femenina y de los efectos catastróficos que ésta tiene sobre la vida de las mujeres en todas sus dimensiones, personal, social, cultural, política, económica, etc. Bourdieu, desde un pensamiento de corte relacional, otorga centralidad al cuerpo y a las prácticas, rechazando con ello lo que describe como un exceso de intelectualismo del que, a su juicio, adolecería toda la tradición filosófica, política y, también, feminista moderna. Insiste en que debemos mirar más allá de lo que a simple vista parece el orden normal de las cosas, asegurando que lo que vemos como el natural desarrollo de las sociedades oculta tras de sí potentes mecanismos de diferenciación y desigualdad que son los que están haciendo pasar la dominación, la subordinación de unos y el mandato de otros, como lo que es y no puede ser de otro modo. Consideramos, entonces, que su teoría constituye una valiosa aportación a los estudios de género. Cuestiona el conocimiento construido por ser un trasunto de los sistemas de dominación. Como heredero de la Escuela de la Sospecha, Bourdieu dinamita la doxa y si se muestra partidario de reelaborar conceptos como el de objetividad, yendo más allá de los dilemas entre subjetivismo y objetivismo, es para hacer visible y constatable las realidades de las desigualdades humanas, preferentemente las de clase, pero también las de género y raza-etnicidad. Al formular el marco teórico relativo a la violencia simbólica, Bourdieu lucha por dinamitar la normalización y naturalización de las opresiones. Este proyecto de sociología reflexiva es paralelo, y enormemente útil, para la empresa de los estudios feministas. Comenzamos, pues, rastreando la evolución teórica de Bourdieu, focalizando nuestro interés en cómo va cristalizando en ella el concepto de violencia simbólica. Para ello, presentamos su teoría de los campos sociales y su concepto central, el concepto de habitus. El capital simbólico, y no sólo el económico, el cultural y el social, va a constituir un elemento fundamental, ya que su posesión y acumulación va a repercutir directamente en el mayor poder que tengan los sujetos, quienes tendrán incorporado un habitus, esto es, un sistema duradero de disposiciones y prácticas que suponen unas expectativas concretas, unos gustos, unos valores, costumbres, etc. que asimilarán como propios antes que como el conjunto de disposiciones producto del sistema de dominación, reproductores del mismo y encargados de lograr la sumisión voluntaria o inconsciente al orden desigual, que en realidad son. Hacemos, asimismo, un recorrido por sus estudios de La Cabilia argelina, los cuales constituyen el asentamiento de su teoría de los campos sociales, de su concepto de habitus y del posterior surgimiento y desarrollo de su teoría de la violencia simbólica. Bourdieu considerará que el sistema patriarcal tradicional de esa sociedad sigue activo, aunque de manera más soterrada, escondida bajo la máscara de lo políticamente correcto, legitimado por la Declaración de Derechos Humanos a la que se habrían incorporado fallidamente las mujeres. La teorización de su concepto de violencia simbólica permite, entonces, comprender la invisibilidad con la que esa desigualdad actúa y se mantiene activa en nuestros días, invisibilidad que, no obstante, no le resta efectividad, de hecho, sino todo lo contrario. El actuar de manera encubierta puede llegar a tener efectos más devastadores, por cuanto que es más difícil formular lo que Iris Marion Young llamaría la ¿injusticia estructural¿ y denunciarla. Creemos que Bourdieu tiene razón al advertirnos de que los avances en derechos de las mujeres pueden estar lastrados por los sobreentendidos de la existencia cotidiana, por ello hemos querido incluir en este trabajo, como una aplicación de sus intuiciones, el análisis de las revistas femeninas para adolescentes. Es a partir del estudio de estas revistas femeninas para adolescentes que vamos a tratar el ideal de belleza como tiranía sobre el cuerpo femenino, uno que en nuestros días es excesivamente reducido y viene retratado en la imagen de una mujer joven, alta, de delgadez extrema, con cabello largo y tez clara (pudiendo variar esos dos últimos rasgos, en función de quiénes sean los personajes de moda a imitar, la característica que no varía es la de la exigencia de la delgadez). La variedad de los cuerpos normales, reales, de las niñas, es ignorada en este tipo de prensa y, en su lugar, se presenta dicho canon de belleza como el ideal a alcanzar para toda aquella que desee tener una vida buena, para ser aceptada y lograr el éxito social que dará paso a la felicidad. La exclusión de los cuerpos que escapan a ese ideal promulgado es tajante, y las niñas sienten una necesidad de ajustarse a él para no ser apartadas, para obtener el reconocimiento de los demás. Lo que no se ajusta a ese ideal es tratado como algo anómalo, y lo mismo ocurre con los valores sobre la feminidad. Además, tiene lugar en estas revistas una auténtica pedagogía del sexismo que es vivida, sin embargo, como la normalidad, de modo que las niñas son ¿aconsejadas¿, en realidad adoctrinadas, con lo que tratarán de adaptarse al irreal modelo femenino expuesto con todas las consecuencias negativas que conlleva, tanto para su salud física y mental, como para su desarrollo personal y profesional. Un adoctrinamiento que constituye una verdadera lesión a la dignidad de las niñas. El cuerpo de las jóvenes es cosificado, fragmentado, reforzándose así la objetivación del cuerpo femenino, uno sobre el que todos pueden intervenir, pues es de todos menos de las mismas chicas, por lo que nos interesa describir el marco en el que opera el modelo subjetivo de mujer. La naturalización de la inferioridad femenina por medio de mecanismos simbólicos constituye la tesis principal de Bourdieu en su libro La dominación masculina. La violencia ejercida contra las mujeres debe su éxito y permanencia a lo largo del tiempo, a su carácter simbólico. Gracias a él pasa desapercibida, es vivida como natural, como algo contra lo que no se puede luchar simplemente porque no se trata como violencia. Las mujeres siguen ocupando un puesto controvertido en el ámbito público, sigue siendo puesta en duda su valía y se las sigue aleccionando desde niñas, por medio de la lógica de la ¿vocación¿, en un modelo de subordinación en el que ellas no son dueñas de sí mismas. El mayor logro, como estamos viendo a lo largo de todo este trabajo, de la teoría social de Bourdieu va a ser, fundamentalmente, su teorización del concepto de habitus, una idea, de raigambre aristotélica-pascaliana, que va a desarrollar en su formulación etnográfica y en su observación sociológica. El habitus nos obliga a reconocer, frente al intelectualismo de la tradición occidental, la relevancia del cuerpo y de sus disposiciones prácticas en el proceso de subordinación de los oprimidos ante la opresión que sufren. Y así pasamos a entrar a participar en los debates y discusiones sobre dos asuntos fundamentales: la corporalidad y las dificultades que plantea la dicotomía material-simbólico, incluyendo una aproximación política a la cuestión de los cuerpos y las emociones. Y la discusión referida a cómo lograr una transformación social efectiva que lleve a la supresión de las desigualdades entre los sexos. Al poner en juego la cuestión del cuerpo como sede operativa de la dominación, veremos que se trata de un factor determinante fundamental que explica la opresión a la que las mujeres nos vemos sometidas, tanto en lo social como en lo político. Confrontaremos la cuestión relativa al cuerpo vivido y al género, dos caras de la moneda que remiten a la subjetividad y a las injustas estructuras sociales. La teórica política feminista, Iris Marion Young, nos facilitará las claves para abordar el carácter estructural de la dominación sobre las mujeres. Presentamos su tipología de lo que denomina las ¿cinco caras de la opresión¿, que son la explotación, la marginación, la carencia de poder, el imperialismo cultural y la violencia. Pero, además, recogeremos su relato de cómo la opresión sexista modela tanto el cuerpo como el movimiento de las mujeres, constriñéndolo y doblegándolo bajo su mandato. Young problematiza la cuestión fenomenológica del cuerpo vivido en relación a la categoría de género. El mismo concepto de género es problemático porque no aparece tematizado en la obra de Bourdieu. Young nos permite valorar la opresión vivida desde la interioridad, como experiencia y, al mismo tiempo, como exterioridad, como estructural y social, combinando ambos conceptos, el de cuerpo vivido y el de género. No obstante, avanzaremos que el habitus y su carácter relacional nos permite engarzar la interioridad y la exterioridad. Young participa del interés bourdieuano de volver a introducir los cuerpos y los afectos en la política como medio necesario para optar a derrocar el sistema opresivo. Esta batalla tiene como enemigo al intelectualismo, a la razón moderna incorpórea. Son interpelados, de esta manera, la Filosofía, la tradición política emancipatoria y el mismo feminismo. La dificultad radica en cuál pueda ser la mejor manera de pensar el cuerpo atendiendo a todas aquellas opresiones que lo conforman, y ello, a su vez, teniendo en cuenta formas eficaces de subversión desde la apuesta de luchas simbólicas dirigidas a desafiar las desigualdades que modulan las relaciones sexo/género. La idea que subyace a estas expectativas es la de que podamos ponernos en marcha hacia la posibilidad de la creación de un espacio político heterogéneo que abrace la pluralidad de los cuerpos, con todas sus diferencias y, muy importante, incluyendo los afectos. Por último, hacemos una reflexión final, significativa por cuanto que nos afecta a todos los niveles en nuestra lucha contra las desigualdades entre los sexos, donde tratamos la cuestión de la transformación social. Para abordarlo, nos hacemos eco del importante trabajo llevado a cabo por Judith Butler en esta cuestión y entramos a problematizar, asimismo, las críticas lanzadas por Bourdieu a la misma. Nuestro autor consideró la estrategia butleriana como un intento vano. Una teoría de la subversión de las identidades no va más allá, según él, de un feminismo de corte intelectualista. Por lo tanto, esta teoría sería claramente insuficiente como propuesta de cambios efectivos. Nuestro recorrido último comienza, entonces, con el propósito de ponderar aciertos y desaciertos de la teoría social de Bourdieu, de valorar la mayor o menor pertinencia de sus aportaciones para la teoría y la práctica feminista contemporánea. Aquí Lois McNay va a guiar nuestros pasos. La autora detectará, por un lado, de la parte de Bourdieu, un cierre materialista y determinista que impide a los sujetos tener opción real al cambio de las estructuras dominantes vigentes, y, por otro, de la parte de Butler, un cierre de carácter lingüístico que tampoco termina de otorgar a la agencia aquello que la caracteriza, la capacidad de accionar y reaccionar para lograr cambios en las estructuras sociales. Finalmente, en nuestras conclusiones finales, trataremos de aquilatar un juicio ponderado sobre los aciertos y desaciertos de la teoría social de Bourdieu y de sus posibles contribuciones al activismo y la teoría feminista.