La autoría en la imaginación literariaalgunas aproximaciones a la representación del oficio de los escritores desde una perspectiva interdisciplinar

  1. Acosta Mota, Alejandra Gricell
Dirigida por:
  1. Isabel Castells Molina Directora

Universidad de defensa: Universidad de La Laguna

Fecha de defensa: 05 de septiembre de 2022

Tribunal:
  1. J. Ignacio Díez Fernández Presidente/a
  2. Carlos Brito Díaz Secretario
  3. Anne Cayuela Vocal
Departamento:
  1. Filología Española

Tipo: Tesis

Teseo: 746860 DIALNET lock_openTESEO editor

Resumen

El objetivo de esta tesis es estudiar, analizando algunos textos, las maneras en las que los escritores han imaginado la autoría, es decir, cómo han representado literariamente, a través de la ficción, las imágenes poéticas y la proyección de su propia subjetividad, lo que significa crear una obra y adueñarse de ella. La «autoría» atribuye al sujeto creador autoridad letrada así como derechos morales y económicos sobre su obra. Es un concepto histórico que se formó lentamente, siguiendo las pautas del control de los discursos en el ámbito público; los adelantos en los medios de la reproducción de los textos y la progresiva profesionalización de la escritura. El autor/a no es, exactamente, una persona concreta o empírica, sino una instancia discursiva, una posición de habla. Las principales aristas de esa posición son, por una parte, un sentido articulado del «sujeto» y, por otra, la noción de «propiedad literaria». La primera nos remite al origen textual como principio garantizador de la unidad y la autenticidad del producto de la escritura; la segunda, a la posesión y dominio legítimos del texto. La idea de que el texto literario se origina en el sujeto ha tenido un recorrido muy largo. Implica una relación íntima entre el creador y su obra, un vínculo que emerge de la percepción por parte de los lectores de que se encuentran ante una obra investida de autoridad, autenticidad y originalidad. La propiedad, por su parte, entendida como posesividad individual y en el contexto del relacionado concepto del sujeto autónomo, puede considerarse también, de manera general, un elemento de la responsabilidad enunciativa. La propiedad implica la presencia, al menos en la mente de los que se la arrogan, de la tenencia legítima y privada de un bien, a pesar de la ausencia de instrumentos legales que instituyan tales nociones. Partiendo de la bien conocida propuesta de Foucault de que estos elementos de la autoría se desarrollaron paulatinamente a través de la historia, antes de que acabaran institucionalizándose definitivamente en las normas de propiedad intelectual, los textos seleccionados para este estudio se enmarcan entre los siglos XVII y XIX, tomando como referencia temporal la entrada del oficio literario en un sistema de reconocimiento social profesionalizante, en un extremo, y el asentamiento institucional y legal del concepto moderno de autoría, en el otro. Focalizaremos, además, nuestra investigación en tres autores, aprovechando, de la producción literaria de cada uno, los textos que nos permitan examinar las representaciones de la autoría en los términos antes mencionados. Si bien pertenecen a épocas distintas y hemos tenido en cuenta los diferentes contextos de producción cultural en los que desarrollaron su actividad, no hemos pretendido establecer un marco socio histórico exhaustivo para cada uno de esos siglos. Nos han interesado principalmente las continuidades y rupturas en la historia de las ideas sobre la autoría y cómo estas se han reflejado en la literatura. En el primer capítulo, a través de algunos textos de Cervantes, exploraremos la legitimación del «artista literario» como trabajador intelectual y las formas que tomó en la literatura el concepto de la propiedad literaria de los escritores, todavía no contemplado en su configuración moderna por los discursos institucionales pero imaginado por ellos como una prerrogativa que, por justicia, les correspondía. El segundo capítulo nos adentra en la obra de Diego de Torres Villarroel, a través de la que estudiaremos cómo los beneficios económicos que podía reportar la escritura se tradujeron en nuevas justificaciones para la autoridad textual que se escapaban del sistema de legitimación literaria impuesto por la alta cultura. La figura de Torres nos servirá también para explorar las formas en las que el escritor pudo rentabilizar la proyección pública de su imagen y adueñarse de ella de la misma manera que sucedía con otros bienes intelectuales, como las obras literarias. El tercer capítulo lo dedicamos a Rosalía de Castro. A través de sus textos feministas y de los elementos críticos de su prosa de ficción indagaremos en el revés de la institucionalización de la autoría, sus grietas como concepto sesgado en cuanto al género y a la producción de la cultura que se realizaba desde los márgenes de la sociedad . Finalmente, hemos incluido un apéndice que recoge una propuesta para futuras investigaciones. En él trataremos el tema de la autoría a través de un breve recorrido histórico por las representaciones de la apropiación textual, específicamente las que aprovechan el campo semántico de los jardines, asociado desde la Antigüedad clásica a las técnicas de composición poética. En este análisis seguiremos los planteamientos sobre la creación y propiedad de los textos que ya veníamos esbozando en los capítulos. Dada la amplitud cronológica y profusión del uso de la imagen del jardín como metáfora de la escritura, este tema, en relación con el concepto de autoría, merece todo un estudio independiente que aquí apenas empezamos a vislumbrar. En definitiva, esta tesis propone que las primeras formulaciones modernas de la propiedad intelectual se realizaron desde los discursos literarios, en tanto las costumbres y prácticas sociales precedieron a los sistemas legislativos, basándose en las agudas aproximaciones que hicieron hacia esta cuestión los mismos protagonistas de su historia, los autores. Esta propiedad, así como el oficio literario, entrañan dos facetas enfrentadas que han tenido que sincretizarse tanto en las prácticas, incluida la proyección pública de la imagen personal de los autores, como en las leyes: una moral/artística y otra material/económica. La primera ha cumplido, históricamente, una doble función. En relación al trabajo intelectual como actividad que merece una retribución en el contexto cultural moderno, sirvió de apoyo y justificación para la entrada de las obras literarias en el sistema de las propiedades y el comercio, durante los albores del capitalismo; pero también fundamentó el rechazo de la aplicación de la lógica mercantil a la producción y difusión de unos bienes que, por su propia naturaleza, comportan un valor estético que se escapa de cualquier límite material o estimación monetaria. A partir de estas proposiciones, la tesis confirma, además, que la intrínseca exclusión de las mujeres de los beneficios que supone la autoría, en el marco histórico estudiado, se fundamenta en su devaluación como creadoras de bienes intelectuales y en su incapacitación civil para ser poseedoras de bienes materiales.